HABIA UNA VEZ

De niño me gustaban los cuentos e historias del lejano oriente, disfrutaba mucho oyendo a mi mamá leyendo estas historias. Ya de grande leí una que me impactó mucho y siempre quise escribir algo sobre ella:

En un país del oriente, había una vez un príncipe llamado Kurram que fue educado como tal. Sus padres orientaron su formación a despojarlo de sentimientos mundanos y orientaron su educación a aprender matemáticas, lógica, astronomía, geología y gramática. Dominaba el árabe y el persa.


Kurram se hizo joven y un buen día visitando un bazar de la ciudad es dislumbrado por una joven de sólo 15 años que se estaba probando un collar. El principe preguntó cuánto costaba el collar de cristal que la joven se provaba. Le respondieron que no era de cristal, sino de diamantes y le dieron su exhuberante precio. El príncipe sin dudarlo compró la joya para la bella joven.

Arjumand Banu Begum era el nombre de la joven, nieta del primer ministro de la corte. Fue la única vez que la vió, y conquistó su corazón, sin embargo no pudo verla después. El príncipe estaba decidido a casarse con ella y luego de cinco años de no verla pudo hacerla su esposa.

Fue una boda digna de un príncipe, no era la primera esposa pero fue su favorita. El príncipe fue coronado unos años después y tomó el nombre de Shah Jahan (rey del mundo y a la princesa
como Mumtaz) tuvo un gobierno de paz.

Los primeros cuatro años como Shah pudo gozar del amor que tenía a la bella Mumtaz y el pueblo notaba que era la favorita de las esposas del Sha. Sin embargo, este tiempo de felicidad terminó cuando Mumtaz tiene complicaciones al dar a luz al décimo cuarto hijo del Shah y pierde la vida.

En su lecho de muerte, la bella esposa del Shah también moría de tristeza; que su esposo se olvide
de ella y todo ese amor se desvanezca totalmente.

El Shah le hizo una promesa; no solamente él nunca la olvidaría, sino haría que todo el mundo y las generaciones venideras sepan quien era ella y que la recuerden.

Dicho y hecho; al Shah le tomó veintidos años cumplir su objetivo; construyó un mausoleo único en el mundo, puso todo su esfuerzo sin escatimar en nada para hacerlo. Y lo logró.

El Mausoleo es conocido como el Taj Mahal, donde están los restos de Mumtaz Mahal. Logró que todo el mundo, las generaciones venideras (y hasta alguien como el que escribe) recuerden y sepan de su esposa y tengan idea del amor que le tuvo el Shah a Mumtaz.

El Taj Mahal

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